Tino Soriano (Barcelona, 1955) es uno de los más celebrados fotógrafos de viajes. Galardonado por su labor con numerosos premios como World Press Photo en 1999, también posee cinco galardones FotoPres y la Sociedad Geográfica Española le concedió el Premio Imagen-2015 por su trayectoria como fotógrafo y viajero. Ha formado parte de 1999 a 2020 del grupo de profesionales de la National Geographic Society con sede en Washington D.C. Imparte talleres, conferencias y exposiciones por toda la geografía del Estado español.

Tino Soriano en el aeropuerto de Bilbao mientras le hacia la entrevista. Muestra algunos de sus libros.23 abril 2024. Foto: Oihan Blasco.
En 1978 empezó a colaborar en la revista «Flash Foto» con diversos artículos técnicos. El primer encargo profesional fue en 1992 para la revista Ronda Iberia, Tino realizo un reportaje sobre las olimpiadas de Barcelona.
Es autor de guías de viajes y de varios libros como “La fotografía en los viajes”, “Los secretos de la fotografía de viajes”, “Ayúdame a mirar. La Biblia del reportaje gráfico”, “Fotografía con una sonrisa”, “Los colores y tú” y más recientemente “Anatomía de una foto”.
Ha dado tres vueltas al mundo y en los últimos meses ha viajado a los Balcanes, Yunnan y el Tíbet, la travesía de Sudamérica de costa a costa, Omán y Benín. Le salimos al paso en el aeropuerto de Loiu. Viene de inaugurar una exposición en Intxaurrondo y parte para Barcelona.
“La fotografía de viajes” causó sensación cuando se editó en 1988 porque era algo novedoso.
Resultó ser el primer libro en su estilo pues su impresión resultaba cara y era un gasto que las editoriales no tenían previsto. Lo habitual eran fotos para un libro y no un libro dedicado a las fotos. Fui a la editorial Juventud porque publicaba a Tintín y, para mi sorpresa, les gustó la idea convirtiéndose en el único volumen de fotografías dentro de su colección. Treinta años más tarde apareció su continuación, “Los secretos de la fotografía de viajes”.
Has dado 3 vueltas al planeta cada cual más curiosa. La primera en 1998 se tituló: “Loca vuelta al mundo”. La segunda en 2010 duró 30 días y te comprometiste a no gastar más de 100 euros por día. La tercera, en 2017, fuiste con una cámara Olympus durante 45 días y en cada jornada debías encontrar historias y motivos distintos. ¿Cómo saliste airoso de estos retos mientras girabas alrededor del mundo?
Tiene mérito porque las tres veces fue por encargo. Las dos primeras para la revista Viajar y la última para la empresa Olympus, que desapareció del mercado. Sacaron un modelo todo terreno, una cámara perfecta para los viajes. Les comenté que la quería probar en diferentes condiciones en una vuelta al mundo. También me llevé una sorpresa cuando me dijeron que aceptaban mi propuesta y la financiaban.
Sobre el terreno fue un maratón. Para empezar, cuando das una vuelta al mundo, en cada etapa pierdes 2 o 3 horas por el camino con motivo del cambio de horario. Terminaba cansado después de una jornada sacando y seleccionando fotos, escribiendo la crónica para un blog que se llamó Circum. Al día siguiente salía el avión a las 5 de la mañana e igual había acostado a las 2 de la madrugada. Así durante 45 días. Resultó duro.

¿Estarás acostumbrado al jet lag?
El desfase horario se hace muy palpable cuando te mueves en el Transmongoliano de Moscú a China. Oficialmente en el interior del tren siguen el horario de la capital de Rusia. Llega un momento en el que el desayuno y la comida se enganchan. Te despiertas a la hora de comer y estás totalmente descolocado.
En la vuelta al mundo con la cámara Olympus ¿te viste obligado a hacer fotografía de calle?
Es pura fotografía de calle. Sales del hotel, miras a derecha e izquierda, tomas una dirección y a partir de ahí a lo que salga. Por ejemplo, recuerdo que en Hong Kong, hablando con el recepcionista del hotel, me aconsejó que fuera al hipódromo y pensé: “Aquí puede haber una historia potente” y así hice “Un día en las carreras” con la gente apostando, los caballos, … No tuvo desperdicio.
Recuerdo que en Tailandia me volqué en la historia de los hospitales de elefantes y en Sudáfrica me hablaron de un circo que enseñaba las artes circenses a los niños de la calle.

Tino Soriano en el aeropuerto de Bilbao antes de embarcarse en el avión a Barcelona. 23 de abril 2024. Foto: Oihan Blasco.
¿Cómo te fue en la vuelta al orbe durante 30 días gastando menos de 100 euros por jornada?
Se llamó “La vuelta al mundo más barata del mundo”. Fue auténtico, no hice trampas. El mérito estaba en que visitaba lugares carísimos como Londres, Hong Kong o Los Ángeles y debía alojarme en lugares céntricos. Me vi obligado a un control férreo de los gastos. Gracias a ello, por cuatro mil quinientos euros, viví esa apasionante experiencia. Cien euros al día de gastos, más mil doscientos cincuenta del billete de avión.
¿Qué situaciones has vivido en las que se te ha encendido la luz y has pensado: esta es la foto que buscaba?
No se trata de ir con la cámara colgando y ves algo bonito y ¡clic! y por fin ya tienes la foto. El talento es estar en el momento que debes tomar la foto sabiendo qué es lo que quieres y porqué razón. Los fotógrafos profesionales siempre tenemos en mente una imagen, sabemos lo que queremos explicar y materializarlo en una instantánea.
¿Cuándo surge ese instante mágico?
También se da la circunstancia de que la mejor fotografía es aquella que no planeas y de repente te sorprende y esa misma sorpresa se transmite al espectador. A este hecho se le denomina “serendipia”, significa un hallazgo imprevisto que supera las expectativas.
¿Cuál debe ser la ética del fotógrafo de viajes y de calle?
Trabajo con cámaras pequeñas que tienen apariencia de aficionado, son como inofensivas. Si llevas un equipo grande la persona a la que fotografías puede valorar lo que te puede cobrar. Nunca debes ser alguien enganchado a la cámara sino un ser humano curioso que lleva una cámara en el bolsillo y si tiene que aparecer que sea en el momento decisivo.

¿Te consideras más fotógrafo que viajero?
Utilizo la fotografía para explorar el mundo. Soy más un viajero que fotógrafo, soy un viajero que fotografía, pero nunca soy un fotógrafo que viaja. Mis fotografías son el resultado de una curiosidad por conocer el mundo y aprovechar este periodo en el que estamos vivos para echar una ojeada a lo que pasa a los demás.
¿Cómo te ha ido con tu hija cruzando Sudamérica de Río de Janeiro hasta Lima?
Genial, no hay nada más bonito que ir padre e hija, que compartir el salar de Uyuni, subir a Machu Pichu, conversar sobre los incas, conocer las zonas volcánicas de Bolivia, … En fin, es una experiencia mucho mejor que cualquier herencia económica que yo le pueda dejar, es una herencia en sentimientos.
Acabas de publicar “Anatomía de una foto”. ¿Con qué se va a encontrar el lector?
Es la continuación de “Ayúdame a mirar” (2019) pero más práctica y autobiográfica después de 40 años de profesión, con muchas anécdotas. Comparto con el lector cómo se toman determinados tipos de fotos en reportajes y fotografía de viajes. Se incluyen más de 300 fotos.
¿Hay países más fotogénicos que otros?
La fotogenia es una de las mayores trampas de la fotografía. Exótico no significa buenas fotos si no lo resuelves bien. Hay que liberarse de la etiqueta del exotismo. Las mejores fotos son las que haces con un rasgo cultural. En mi caso sería el mundo mediterráneo donde me encuentro cómodo porque sé interpretar y procesar en iconos o fotografías.
En National Geographic lo tienen claro y me enviaban a realizar trabajos en mis zonas culturales. Eligen fotógrafos vinculados a su destino. Para mi Italia y España y en general el Mediterráneo me resultan fotogénicos.
Normalmente, cuando me traslado a países exóticos, están bien pero no estoy satisfecho. En un viaje corto no consigues profundidad. Solo cuando estás arraigado en un lugar logras captar el alma.
Tu trabajo personal sobre el mundo de la medicina, la emprendiste en 1980, te supuso un reconocimiento especial de l’Academia de Ciències Mèdiques de Catalunya y de la Organización Mundial de la Salud por tu labor de divulgación de la sanidad a través de sus reportajes fotográficos. ¿Por qué te ha traído el tema de la salud?
El mundo de la sanidad es muy difícil porque es lo contrario a una fiesta, pocos fotógrafos tienen acceso. Un hospital es como una ciudad con sus especializaciones que es como sus barrios. Me ha marcado durante estos 40 años de profesión, quizás porque el primer trabajo que realice sobre leucemia me dio un premio internacional la Organización Mundial de la Salud. Tengo media docena de libros y otro medio acabado sobre la medicina tradicional en el mundo. Medicinas alternativas porque la mayor parte de la población no puede acudir a un médico, deben pedir ayuda a curanderos, chamanes o acudir a medicinas arraigadas como la china o india.
Le entreviste a Tino Soriano en el aeropuerto de Loiu (Bizkaia) antes que tomara el vuelo a Barcelona. Se publico en la revista Bidaiari en noviembre 2024.
Texto: Roge Blasco


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