Agustín Chaler ha regresado de su último gran tour por Asia y Oceania. Su realidad es el viaje al que no le ve el final y eso que lleva 42 años conociendo mundo. Tan solo le faltan cinco países africanos para completar todos los del orbe. Participo en la edición 20 de Amalur, jornadas de naturaleza, viaje y antropología, celebradas en Tolosa (Gipuzkoa). Tuve la oportunidad de entrevistarle en el hotel en el que nos hospedábamos antes de tomar el avión a Barcelona. Fue una conversación sin pausa y a conciencia, con una persona que guarda en él, el espíritu de Marco Polo y otros grandes viajeros de la historia.

Puedes escuchar aquí la entrevista con Agustín Chaler:
Agustín Chaler es uno de los viajeros independientes más reputados que existen en el Estado español. Nació en Vinaroz (Castellón).
Profesionalmente, tuvo mucho éxito con su despacho de arquitectura. Llevaba una vida holgada en la que no le faltaba de nada, pero la necesidad imperante de conocer mundo pudo con todo, renunciando a lo que más quería, para meterse de lleno en una actividad viajera frenética. Calcula que lleva 22 años netos viajando, o sea 8.965 durmiendo lejos de casa.

Tiene por costumbre abarcar diferentes regiones de la geografía del mundo y repasarlas a conciencia durante meses y meses. Así, realizó la ruta de Marco Polo 750 años después, de Venecia a Pequín empleando más de 16 meses.
Ha recorrido continentes enteros como África, América, llegó hasta la Antártida, Oceanía con sus islas, el Caribe, todas las Repúblicas de la antigua Unión Soviética. Una de las más sonadas fue la vuelta a la cordillera del Himalaya por sus dos vertientes. Visitó 9 países durante 15 meses. Primero fue de Paquistán a Bangladesh pasando por India y Bután para luego centrarse en su estancia de tres meses en Tíbet bajo las restricciones chinas.

Su más reciente periplo ha sido 14 meses por Asia y Oceanía. Se ha encontrado con situaciones insólitas, con mucha carga emocional en países como Afganistán o Mongolia. Él mismo se ha quedado sorprendido en la segunda parte del itinerario, porque no se esperaba que terminara recorriendo remotas islas del Pacífico. Ha sido un periplo sin tregua y repleto de aconteceres.

En esta misma página web (rogeblasco.blog), le hicimos 6 entrevistas en distintos puntos del trayecto: Cuando cruzo la frontera de Afganistán a Paquistán, en el paso de Khunjerab en la Karakorum Highway (Paquistán), Pyngyao (China), Ulán Bator (Mongolia), Dili (Timor Oriental) y Brisbane (Australia). A su regreso nos contesta unas cuantas preguntas:

¿Cómo era tu impulso viajero antes de dejar la profesión de arquitecto?
Solía hacer escapadas. La primera a la India, con 18 años, durante los 3 meses del verano. Mientras trabajaba de arquitecto, durante 3 años seguidos, todos los fines de semana me iba con Carmen, mi novia, a diferentes puntos de Europa. También realizaba viajes fugaces a lugares muy distantes. En cierta ocasión, fui a tomarme un café a Montreal y en otra volé a Sao Paulo para estar en una boda un fin de semana. Iba tan justo de tiempo que me cambié de ropa en el avión.
¿Cuándo llegó el momento de romper una carrera brillante y fructífera de arquitecto para convertirte en un trotamundos?
El momento clave fue con la crisis galopante del 2008. Evalué mi situación económica y en esta segunda parte de mi vida aposté por ser feliz y viajar. Creo que he acertado. Es bueno tener varias vidas en la vida de una persona.
En la actualidad, vuelas sin billete de vuelta ¿Ha cambiado tu dimensión del viaje?
Antes tenía todo planificado, visitaba todos los monumentos, ahora quiero conocer las personas. Eso requiere instalarte en los lugares, no cuenta el tiempo y por supuesto, nunca sé por dónde voy a proseguir y menos cuando regresaré. El presente y lo que acontece es lo que manda.

¿Cuál es la teoría de las tres verdades del viajero?
Para conocer bien un país debes ser testigo de cómo funcionan las escuelas, los mercados y las ceremonias.
Las escuelas porque los niños son el futuro del país y así percibes hacia dónde va la sociedad. En los mercados se dan las auténticas relaciones, se hacen transacciones y se trazan los lazos de unos con otros. Las ceremonias indican las creencias de los lugareños.
Has estado a punto de morir en dos ocasiones. ¿En dónde y por qué motivo?
Han sido situaciones que no he podido controlar. No sentí miedo porque sucedieron con rapidez. La primera fue en la Comuna 13 de Medellín que durante años tuvo la mala fama de ser una de las barriadas más peligrosos del mundo. Cuando acudí, la situación estaba más calmada, aunque aquella semana hubo disturbios. La visita fue tranquila, estuvimos en una escuela, tomamos café helado, compartimos con unos grafiteros. Al salir de la favela, un tipo se bajó de la moto y le pegó tres tiros en la cabeza a una persona que tenía delante de mí, salpicándome la sangre.
En Potosí (Bolivia), la ciudad más alta del mundo a 4090 metros, los domingos se monta un mercado en la plaza de armas. Comí una empanadilla en mal estado y me derrumbé sobre los adoquines cayendo sobre mi cámara fotográfica, rompiéndome tres costillas. Contraje una salmonelosis grande. Me vieron tan mal que en el hospital un cura me dio la extremaunción. Perdí 15 kilogramos en 20 días. No sé cómo, pero poquito a poco fui recuperándome.
Tu instinto viajero y la gran veteranía te ha llevado a presenciar ceremonias ancestrales fuera del alcance del extranjero. Por ejemplo, en tu último periplo asiático has estado con los sufís en Paquistán.
Siento un amor muy grande por India y Paquistán. Lahore es una ciudad excepcional, capital del imperio mogol, llena de arquitectura. A base de frecuentarla muchas veces, descubres recintos donde se celebran ceremonias muy extrañas. Tras caminar por un zoco llegué a un santuario sufí. Los danzantes fuman un tabaco especial y entran en trance absorbidos por una música hipnótica de tambores. Durante toda la noche giran hasta el amanecer.

¿Cómo te sientes como foráneo en estos ambientes tan ancestrales y vibrantes?
Muy confortable, feliz de poder llegar a estos lugares tan remotos, siento que el propósito de mi vida se cumple día a día. Hay que trabajar a pico y pala para estar aquí, pero merece la pena, te metes dentro de esa cultura y te olvidas de quién eres. Viajar para mi es la realidad, volver es ficticio.
Sueles decir que viajar burla el tiempo. ¿A qué te refieres?
Te hace sentir eternamente joven. Cada día suceden cosas nuevas, es lo contrario a la rutina. Viajar es un aprendizaje continuo. Te sientes cada vez más joven y quieres que nunca se acabe.

Te consideras un anarco-viajero que se extravía deliberadamente ¿Por qué esta definición?
Un anarco-viajero es una persona que se pierde por los caminos del mundo. Algún local me invita a su casa y cambio totalmente de rumbo. A veces me preguntan ¿Qué hace usted aquí? Y respondo: “Pues no lo sé, alguien me ha traído y sorprendentemente estoy aquí”.
Anarco-viajero es aquel que no sabe qué va a hacer al minuto siguiente de llegar. Sin brújula, sin mapas, sin dirección, dejando que el maravilloso mundo que te vas encontrando te sorprenda en cada ocasión.

¿Influye tu profesión de arquitecto cuando viajas?
Mi mirada continúa siendo arquitectónica, geométrica, equilibrada, se traduce en las fotos que tomo.
¿El viajero debe romper los prejuicios?
Los prejuicios son un defecto de fábrica de los humanos. Los viajes te enseñan a no tenerlos. Nunca prejuzgues lo que vas a ver si quieres llegar a lo más profundo de un país.

Le entrevisté a Agustin Chaler en Tolosa (Gipuzkoa) el sábado 18 abril 2026. Un día después de la conferencia que ofreció en las jornadas Amalur de viajes, antropología y naturaleza en el Topic de Tolosa.
Texto: Roge Blasco
Fotos: Agustín Chaler y Roge Blasco.
Música: Urma. “Sangjidorji”. Nusrat Fateh Ali Khan. “Hanjoo akhian de”.


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