Resultó una buena idea dirigirnos a Ouro Preto, en el interior de Brasil, después de la visita obligada a lugares de costa como Río de Janeiro y Salvador de Bahía. Es una ciudad colonial, situada entre montañas a 1125 metros de altitud, un territorio sinuoso y accidentado que posee un clima continental-tropical. Apenas llegan turistas fuera del país, es tranquilo y seguro. Quizás la única pega sea el tráfico de motores acelerados en sus calles angostas y empinadas, causando molestias a los peatones para cruzar las calles empedradas.

Ouro Preto es una de las ciudades más importantes de la historia de Brasil. Fundada en 1711 con la denominación de Vila Rica, se convirtió en la antigua capital del estado de Minas Gerais hasta que le sustituyó Belo Horizonte en 1897.
A finales del siglo XVII se descubrió oro en la región. Llegaron aventureros arrastrados por la fiebre del oro y colonos que explotaban como esclavos a indígenas y africanos. La urbe creció entre colinas a la par que su riqueza. Se desarrollaron las artes y la cultura, se levantaron palacios e iglesias que expresaban un carácter de ostentación y teatralidad propios del barroco rayando con el rococó. En esta región minera este estilo artístico prevaleció más que en Europa y tuvo un carácter personal. En los 23 templos de Ouro Preto se conservan gran cantidad de objetos trabajados artesanalmente destinados a las ceremonias religiosas que tuvieron y tienen mucha importancia en esta sociedad.
Ouro Preto decayó con el agotamiento de sus minas a finales del siglo XIX. Ha conservado casi intacto su centro histórico debido a que alrededor del 45% de su población se trasladó a la nueva capital, Belo Horizonte, más cómoda y llana.
Ouro Preto fue pionera en la lucha por la independencia de Brasil. Hacia el año 1790, hubo una revuelta popular contra los impuestos demasiados gravosos y la arrogancia del poder colonial portugués.
Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1980, convirtiéndose en la primera ciudad brasileña con ese título.
Para llegar a esta joya de la época colonial portuguesa nos trasladamos desde Salvador de Bahía en un vuelo económico que despega a las 4 de la madrugada. Aterrizamos en el aeropuerto de Belo Horizonte, moderno y confortable.
Tomamos el onibus (autobús) que nos lleva a la la capital. Al poco de arrancar se observa una gran mina a cielo abierto que nos recuerda que estamos en el estado de Minas Gerais. Según nos acercamos a Belo Horizonte el recorrido se me hace feo, con edificios sin gusto, urbanismo desordenado, talleres a ambos lados de la carretera, puentes sobre lagunas sucias y vagabundos despertando entre el humo de las fogatas.
Paramos en la estación central, muy concurrida de pasajeros, para volver a subirnos en otro onibus de la compañía Pássaro verde. Partimos con retraso de una hora pero con la esperanza de dejar una gran urbe para dirigirnos a las montañas.
El paisaje se abre majestuoso ante nuestros ojos bien abiertos para no perder detalle de verdes montañas sembradas de árboles tropicales que descienden hasta valles interminables salpicadas de fazendas (haciendas). Como fin de viaje -después de dos horas y media-, la maravilla del barroco: Ouro Preto.
Da la impresión que no estamos al otro lado del Atlántico pues todo recuerda a Portugal. Rostros, vestimentas, idioma, forma de ser y el clima fresco. La altura y el hecho de estar en el invierno del hemisferio sur hace que todo sea más acogedor y familiar. Poco que ver con el bullicio de Río de Janeiro o Salvador de Bahía.
Para hospedarnos elegimos una de las muchas pousadas que hacen retroceder a la época colonial. La curiosidad anima a callejear por una urbe que se asemeja a un museo al aire libre. Partimos de la iglesia de Sao Francisco de Assis, uno de los símbolos de Ouro Preto, diseñada por Antonio Francisco Lisboa conocido como Aleijadinho ((1730-1814), arquitecto y escultor de quien dicen es el más grande artista colonial de Brasil.

El punto neurálgico de la ciudad es la Praça Tiradentes
A su lado se encuentra el mercado de piedras especializado en obras de piedra jabón muy habitual en la zona. Subiendo por sus calles empedradas se llega a la praça Tiradentes, una gran explanada en el corazón de la ciudad. Está presidida por el antiguo ayuntamiento, transformado en el museo de la Incofidencia, con objetos y obras de arte relacionadas con la región. Existe un gran ambiente juvenil puesto que Ouro Preto también es una vibrante ciudad universitaria.
Con cuidado de no tropezar, subimos y bajamos sus calles verticales adoquinadas, con sus casas coloniales de fachada blanca y marcos de ventanas de colores, portadas de piedra, balcones de hierro forjado y tejados de tejas rojas. Lleno de establecimientos de artesanía de piedras, restaurantes, cafeterías, panaderías-pastelerías (ofrecen excelentes desayunos), droguerías que también hacen la labor de farmacias y hasta un vendedor de discos que despliega los vinilos por la acera.
Desde el mirador de la iglesia del Carmen se observan los preciosos atardeceres sobre las múltiples colinas con las elegantes casas cayendo por las laderas en cascada. Coincidimos con la festividad del Carmen. Los vecinos llegan pausadamente y en multitud para asistir a la misa solemne de las 6 de la tarde. Los sacerdotes confiesan a los feligreses al aire libre a unos metros del pórtico de la iglesia. Todo resulta plácido y encantador, muy de pueblo y tradición. Por cierto, una de las características de Ouro Preto es el constante repique de campanas de sus iglesias.
Ouro Preto es una ciudad para caminar y más aún por su parque natural municipal Horto dos Contos. Fundado en 1799, fue el segundo jardín botánico de Brasil. Tiene 32 hectáreas de extensión y cruza de arriba abajo todo el casco urbano de Ouro Preto. Se inicia en la parte alta junto a la estación central de autobuses. El camino es una senda asfaltada que atraviesa puentes, en mitad de un bosque espeso. Posee dos anfiteatros para actuaciones, uno al principio de la ruta y otro al final.
En la parte baja se encuentra la basílica de Nuestra Señora del Pilar (invocación mariana de la virgen de Zaragoza) de estilo barroco-rococó minero inaugurada en 1733. Su interior es un ejemplo de la época de máximo esplendor de la extracción ya que se utilizaron más de 400 kilos de oro y plata para adornar su altar central.
Ouro Preto se encuentra en la Sierra do Espihaço, se supone que es un lugar ideal para la práctica del montañismo. Todavía está por explotar el senderismo en la región. Solo nos cruzamos tres chicas con mochilas cuando ascendimos al morro Sao Sebastiäo de 1400 metros con las vistas más completas del centro histórico. El descenso lo hacemos en un microbús que baja de manera vertiginosa por una estrecha carretera que obliga al conductor a girar constantemente el volante esquivando motos, perros, viandantes y hasta un caballo. Una vez sanos y salvos, caminamos por las calles de adoquines alegres y asombrados por las vivencias interminables que nos ofrece este pequeño rincón de la vasta geografía de Brasil.

Calles empedradas de Ouro Preto.
Guía práctica.
Cómo llegar.
Hay varios vuelos diarios a Belo Horizonte desde São Paulo, Rio de Janeiro y Salvador de Bahía. En coche son como seis horas desde Río de Janeiro, hay que tomarlo con calma y precaución porque la carretera no es buena. Desde Sao Paulo son más de ocho horas y media, algunos tramos no están en buen estado.
Alrededores de Ouro Preto.
Mariana es una ciudad colonial a 14 kilómetros de Ouro Preto. Conserva bellas mansiones e iglesias. Fue aquí en donde se descubrió la primera pepita de oro. Está muy bien conectada por autobuses de línea. También se puede subir al tren turístico, un recorrido de 18 km en un viejo ferrocarril de vapor.
Mina de oro de Passagem. Está a 4 kilómetros de Mariana, en la carretera que va a Ouro Preto. Posee 35 kilómetros de galería, una parte de las cuales comunica bajo tierra Ouro Preto con Mariana. En la actualidad se puede visitar un pequeño tramo de sus túneles con parada en un pequeño lago subterráneo. Se desciende en una vagoneta minera a 120 metros de profundidad. La visita es breve, unos 30 minutos.
Alojamientos.
Pousadas, casas coloniales al servicio del turista. Hay de diferentes categorías. Algunas están anticuadas y las paredes y ventanas no están adecuadas al ruido.
Datos sobre Ouro Preto:
Ouro Preto está ubicado a una altitud de 1179 metros. Es una de las ciudades más importantes de la historia del Brasil. Declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.
Fachadas de las casas coloniales. Toda la ciudad en una obra de arte. Callejuelas y plazas idílicas; el magnífico esplendor de sus iglesias, testigos de la histórica fiebre del oro. Puertas y ventanas en azul celeste, turquesa, rojo, verde oscuro, amarillo, destacan sobre fachadas blancas.
El punto neurálgico de la ciudad es la Praça Tiradentes. La plaza debe su nombre al héroe nacional y combatiente por la libertad Tiradentes (1746 – 1792). Él se reveló contra el dominio colonial de Portugal.
El Museo de la Inconfidencia, documenta uno de los primeros movimientos de independencia de Brasil.
En Ouro Preto destacan 13 grandes iglesias de estilo barroco brasileño. En su arquitectura y decoración muestran la originalidad y autonomía de los artistas autóctonos. Un derroche de barroco en altares, púlpitos, esculturas, pinturas en los techos.
La Iglesia franciscana São Francisco de Assis. Fue construida por Aleijandinho (1738-1814), uno de los más importantes escultores del barroco brasileño.
Iglesia de San Francisco de Paula. Ubicada en una colina con una vista panorámica de la ciudad. Su construcción comenzó en el siglo XVIII.
La iglesia de Santa Efigênia se observa desde cualquier ángulo de la ciudad debido a la altura a la que se encuentra. En su interior hay varios santos negros y la pintura de un papa negro en el techo de su altar.
Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Barroca del siglo XVIII con influencia rococó. Cerca de la plaza Tirandentes. Lugar para presenciar bellos atardeceres.
La principal artesanía tiene como materia prima la Pedra-Sabao (Piedra de Jabón). Se vende en tiendas y en el mercado de la “Feira de Pedra Sabão”. Es una roca resistente y dura que se extrae con abundancia en el estado de Minas Gerais.
Texto: Roge Blasco.
Este reportaje sobre Ouro Preto se publica en euskera y más fotos en la revista Bidaiari del mes de abril 2025.



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